lunes, 21 de junio de 2010

Precaución



Está contenida. Está como los pajaritos cuando les ponen la manta sobre la jaula para que duerman. Tiene los guantes puestos (por el frío) y es más torpe que casi siempre, se le caen las monedas al piso cuando las ordena para pagar el colectivo. Abre la boca para enunciar ideas y conclusiones pero sale sólo el humo y con éste, a lo mejor, un poco del aliento a café y galleticas (no galletitas, galletitas nunca). Está rodeada de esa tensa calma atmosférica, de cuando dicen “hace mucho calor” con susto y pronóstico de terremoto. Todos tememos lo peor: un alud, una tormenta eléctrica, una peste con ranitas como en China hace unos días.

Una tendencia clara a masticar y masticar para calmar la ansiedad oral: masticar las hojas de los libros, masticar los sonidos de Manicure Noise y de la voz-adicción de Lou Reed, masticar las empanadas de carne calienticas de la estación del tren en Belgrano, masticar los pelos de la gata después de besarla o sólo deambulando y masticarlos porque viven en el aire, masticar las uñas y la pintura roja de las uñas (síntoma claro de descolocación), masticar la carne de alrededor de las uñas, masticar con los ojos, con las yemas de los dedos, con lo que queda de nariz… y de ser posible con algunas de las muelas. Pero sobre todo, mantener la "masticación" a toda costa. La precaución ante todo.

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