martes, 1 de diciembre de 2009

Noche de gatas

En esta casa no se duerme. Las gatas ojerosas quieren cazar libélulas y palomas mientras todos descansan.
Jugar con ratones rojos, con lápices de colores, con sacapuntas, o con lo que haya sobre la mesa…
Revolver las bolsas de la basura, las fotos, las letras, las ropas: los sedimentos llenos de polvo de las vidas anteriores, de las tierras anteriores.
En esta casa no se duerme. Se dibuja, se canta, se gime, se llora, se piensa y se dice y se piensa y se dice y se piensa y se dice…
A veces, no se dice nada pero se intuye, telepáticamente, o se susurra con cada salto de pulga de una gata a la otra.
Sonámbulas de ausencias, sonámbulas de día y de noche, sonámbulas de desidia.

En esta casa no se duerme. Las camas son demasiado grandes y están siempre llenas de fantasmas, de susurros, de intrigas.

Lo mejor es dejar la ventana abierta y saltar, en un impulso felino, abalanzarse sobre un pájaro-rata y alcanzar a chuparle la sangre antes de que los huesos se rompan contra el mármol de la planta baja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario