viernes, 27 de noviembre de 2009
Gusana
Buscar, escarbar los cuerpos. Agujerear las carnes, las pieles rígidas con mi andar neurótico de gusano (¿de gusana?). Recorrer los músculos y tejidos de los cadáveres y llenarme la lengua de sabor a goma: rancio y amargo. Cabeza-cola, izquierda-derecha. Túneles oscuros y secos adelante y detrás del cuerpo ondulante. Recorrer trayectos repetidos en un cuerpo y en el otro, como si todos estuviesen cifrados con los mismos códigos; como si estuviese saltando de una pierna a un brazo del mismo muerto… Pero no: son distintos, tienen nombres distintos en las lápidas, apellidos distintos, colores de ojos distintos. Mismo olor, mismo sabor, mismo sonido del crujir de los huesos, misma digestión de carne descompuesta. Mismo ruido de bocas muertas, de bocas llenas de moscas y putrefacción. Sin embargo, las biografías se difuminan cuando se encuentran entre los dientes, se amalgaban con la saliva viscosa y derivan en una mortandad homogénea; en una mortandad-alimento que no alimenta, que no llena, que no sacia ni a la más minúscula y anélida de las criaturas.
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El guión de tu nueva peli de género Gore-horror?
ResponderEliminarMetáfora necrofílica... jeje
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