
Hay un asunto rarísimo con las cavidades inflamadas. Especialmente con las cavidades que están en la cabeza: léase boca, nariz, ojos, garganta, oídos. Ocurre que el cerebro genera un efecto de extrañamiento con respecto a la parte inflamada. Algo similar a cuando deja de haber circulación en una mano, un brazo, un pie o una pierna y viene el hormigueo característico. Cuando se duerme, pues. Pero las cavidades no "se duermen", no es su estilo. Entonces, se inflaman y no sólo eso: crecen y crecen. El efecto se percibe con mayor facilidad cuando se está acostado en la cama, boca arriba, boca abajo, sobre un costado: da igual. El cuarto se llena de cavidad inflamada; con los ojos cerrados parece que la parte en cuestión y, en consecuencia, uno mismo, crece gigante hasta llegar hasta el techo. A éste efecto se ha convenido en llamarlo "Efecto-Alicia" o "Efecto-Gondry". Se cubren los dos flancos: por un lado está el asunto de crecer y crecer hasta llegar al techo y sentir que te aplasta y que no cabes, y por el otro está el del crecimiento anormal y brusco de la cavidad misma (en el caso de Gondry son las extremidades, pero es un referente elocuente por demás). La sensación se agudiza cuando la inflamación es producto de alguna infección y viene acompañada de fiebre y delirio. Entonces el padecimiento-novedad es insoportable. Algo similar pasa con los estados etílicos pronunciados, pero la sensación siempre se ve opacada por el "Efecto-Carrusel". Otra cavidad importante, capaz de producir un acuciante accionar del Efecto-Gondry es el "vientre", concepto difuso ya que sirve desde lo denotativo para indicar un sector del cuerpo, más que una cavidad, pero que podríamos definir más claramente como el útero y todas las capas de tejidos que le cubren y rodean. El Efecto-Gondry es particularmente padecible cuando hay dolor-de-vientre, inflamación-en-el-área-del-vientre, producto del irremediable devenir de lo femenino.
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